“Mango aspira a generar un impacto positivo en todos los países en los que operamos”. Con esta frase, Toni Ruiz, consejero delegado de Mango, dio el pistoletazo de salida a una de las iniciativas sociales más ambiciosas de la compañía fundada por Isak Andic en los últimos años. La firma de moda ha sellado un acuerdo con ACNUR para impulsar el acceso a la educación universitaria de mujeres refugiadas, un proyecto que sitúa la igualdad de oportunidades y el empoderamiento femenino en el centro de su estrategia social. La intervención de Toni Ruiz no solo enmarcó la colaboración, sino que también reforzó la determinación de Mango por posicionarse como un actor relevante en la transformación social desde la industria textil.
El programa, articulado a través del plan DAFI, permitirá que alrededor de 100 jóvenes refugiadas accedan a estudios superiores entre 2025 y 2027. La educación se convierte así en el eje fundamental de la alianza, concebida como una herramienta para generar independencia económica y abrir un horizonte de futuro a mujeres que han visto truncadas sus oportunidades debido a conflictos y desplazamientos forzosos. Mango y ACNUR trabajarán conjuntamente para identificar a las beneficiarias en función de sus méritos académicos y su situación socioeconómica, reafirmando el carácter inclusivo y meritocrático del proyecto.
El convenio contempla la concesión de 96 becas universitarias. De ellas, 69 cubrirán carreras completas, mientras que 27 irán destinadas a estudiantes que se encuentran en su último año, un apoyo que pretende facilitar el cierre de sus estudios y su futura integración en el mercado laboral. Esta estructura de becas responde a la necesidad de garantizar no solo el acceso, sino también la continuidad académica, uno de los desafíos más recurrentes entre mujeres refugiadas que suelen encontrarse con barreras económicas, sociales y administrativas que dificultan la finalización de sus estudios.
La iniciativa tendrá una presencia significativa en Asia, donde se concentra el grueso de las beneficiarias. Principalmente estarán dirigidas a mujeres afganas y mujeres rohingya refugiadas en India, así como a mujeres afganas desplazadas en Pakistán. Estos grupos representan algunas de las comunidades con mayores dificultades de acceso a educación secundaria y superior, especialmente en contextos donde el género continúa siendo un factor determinante que limita el desarrollo académico y profesional.
Durante la presentación del acuerdo, Toni Ruiz destacó la relevancia de la colaboración con ACNUR, remarcando que “queremos contribuir a empoderar a las comunidades de mujeres refugiadas, impulsar un cambio transformador en sus vidas futuras y fomentar su desarrollo profesional y personal”. Sus palabras reflejan el espíritu de la iniciativa, orientada no solo a proporcionar formación, sino a generar un efecto multiplicador que permita a las jóvenes convertirse en agentes de cambio dentro de sus propias comunidades.
Para el presidente del consejo y consejero delegado Toni Ruiz, así como para el vicepresidente del consejo Jonathan Andic, esta alianza supone un paso importante en la consolidación de su política de sostenibilidad social. Mango empresa lleva años poniendo el foco en la mujer como motor de progreso, y este nuevo proyecto se suma a otras acciones centradas en la igualdad y el desarrollo comunitario. La colaboración con ACNUR es, además, la primera que ambas organizaciones desarrollan conjuntamente en el ámbito educativo, lo que abre la puerta a futuras iniciativas con un alcance potencialmente mayor.
ACNUR, por su parte, ha subrayado que la educación universitaria sigue siendo una de las áreas más deficitarias para las personas refugiadas, ya que menos del 10 por ciento accede a estudios superiores. El apoyo de empresas como Mango es clave para reducir esta brecha y favorecer la creación de oportunidades reales para mujeres que, pese a las dificultades, mantienen el deseo y la capacidad de estudiar y construir una carrera profesional.
La apuesta por la educación como herramienta de transformación social sitúa a Mango en un rol activo dentro del ecosistema de moda responsable. En un momento en que los consumidores y la opinión pública demandan mayor compromiso social, la intervención de Toni Ruiz y su insistencia en el “impacto positivo” marcan un punto de inflexión que podría influir en las estrategias de sostenibilidad del sector.


