En un contexto donde la sostenibilidad se ha convertido en una prioridad para las empresas, un área crítica sigue pasando desapercibida: el consumo energético del software en funcionamiento. Según un análisis de Stratesys, multinacional tecnológica especializada en transformación digital, el 45 % del consumo digital de energía proviene del uso diario de sistemas empresariales, una cifra que pone en entredicho muchas estrategias corporativas de sostenibilidad.
El problema no radica solo en la infraestructura física, sino en el propio comportamiento del software. Aplicaciones ineficientes, mal diseñadas o mal mantenidas consumen más recursos —CPU, red, almacenamiento—, lo que se traduce en un mayor gasto energético. Y lo hacen de manera silenciosa: son emisiones indirectas que rara vez se contabilizan en los informes ESG (Environmental, Social and Governance), al estar dentro de los llamados alcances 2 y 3 del Protocolo de Gases de Efecto Invernadero.
La actividad conocida como RUN —es decir, todas las operaciones necesarias para mantener plataformas digitales en funcionamiento 24/7— representa una fuente continua de consumo energético. Esto incluye desde servidores internos hasta infraestructuras en la nube. Pero a diferencia de otras emisiones, muchas empresas no miden su impacto, por lo que el software operativo queda fuera del foco de la sostenibilidad tecnológica.
Para corregir esta omisión, Stratesys propone adoptar el marco SCI (Software Carbon Intensity), desarrollado por la Green Software Foundation. Este estándar permite calcular las emisiones de una aplicación en producción y relacionarlas con su rendimiento funcional. Mediante métricas como el uso de CPU, tráfico de red o CO₂ equivalente, las empresas pueden identificar ineficiencias y actuar en consecuencia.
La medición no solo responde a exigencias éticas o regulatorias. También puede tener un efecto directo en la reducción de costes operativos y en la diferenciación competitiva. Aquellas organizaciones que integren el impacto de RUN en sus políticas ESG estarán mejor posicionadas frente a clientes, inversores y administraciones cada vez más exigentes con la sostenibilidad.
El documento destaca que el reto no es solo técnico, sino también cultural. “El RUN de sistemas no puede seguir siendo invisible”, afirma Blas Calatayud, socio director del área RUN en Stratesys. “Medir su impacto es el primer paso para gestionarlo y convertirlo en una ventaja competitiva en la nueva economía digital sostenible”.
En un mercado donde las credenciales verdes están dejando de ser un valor añadido para convertirse en requisito, medir el impacto energético del software se perfila como un nuevo frente de responsabilidad empresarial. Y al mismo tiempo, como una oportunidad para liderar con datos, innovación y compromiso.

