El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, reafirma la estrategia de la compañía centrada en reforzar las inversiones en redes eléctricas, energías renovables y sistemas de almacenamiento, consolidando así su papel como uno de los principales impulsores de la transición energética a nivel global.
Por eso mismo, la eléctrica vasca ha diseñado un plan de inversión que prioriza el desarrollo de infraestructuras clave para un sistema energético más sostenible y resiliente. Dentro de este plan, una parte significativa de los recursos se destinará a la modernización y expansión de las redes eléctricas, fundamentales para integrar la creciente generación renovable y garantizar la estabilidad del suministro. “Hay que invertir en redes, renovables y almacenamiento, porque la electrificación en Europa significa seguridad, independencia y autosuficiencia”, afirmó el pasado mes de febrero Ignacio Galán en un foro de política energética organizado por el diario británico Financial Times en Bruselas.
Además, Iberdrola intensificará su apuesta por las energías limpias, aumentando su capacidad instalada mediante la construcción de nuevos parques eólicos y solares, tanto en España como en mercados estratégicos internacionales. Esta expansión va acompañada de una mayor implantación de sistemas de almacenamiento energético con el objetivo de gestionar de forma eficiente la variabilidad de las fuentes renovables y mejorar la seguridad del sistema eléctrico.
Hola de ruta de Iberdrola
El Plan estratégico de Iberdrola apuesta por la inversión en redes en mercados con marcos estables, inversión en tecnologías renovables, el incremento de la capacidad de almacenamiento y la optimización de la cartera de clientes.
Su hoja de ruta incluye la compra del 18,4% de la filial estadounidense Avangrid (formalizada el 23 de diciembre de 2024) y 5.000 millones de euros de inversiones con socios estratégicos. De esta forma, la eléctrica destina 36.000 millones de euros netos a la inversión, de los cuales el 70% se enfocará en el crecimiento.
Por países, Iberdrola centra el 85% de sus inversiones en regiones con calificación A, con marcos regulatorios claros y estables. Estas inversiones mejoran la fortaleza financiera de la compañía y les hace prever un EBITDA de 16.500-17.000 millones de euros para el final del periodo 2024-2026, en el que los negocios de redes y renovables aportarán en torno al 50 % cada uno. Con ello, la compañía se fija como objetivo que el 70% de su EBITDA no esté vinculado al precio del mercado eléctrico mayorista en 2026, y estima que el beneficio neto aumente hasta una horquilla entre los 5.600 y los 5.800 millones de euros.
El contexto europeo y global respalda esta dirección estratégica. Y es que, la Unión Europea ha fijado metas ambiciosas de descarbonización para 2050 y promueve una fuerte reducción de la dependencia de combustibles fósiles. En este marco, las inversiones en redes, renovables y almacenamiento se convierten en elementos esenciales para alcanzar los objetivos climáticos y garantizar la autonomía energética del continente.
Con esta hoja de ruta, Iberdrola se posiciona como un actor clave en el proceso de transformación del modelo energético, combinando crecimiento empresarial con compromiso ambiental y liderazgo tecnológico.

